jueves, 28 de julio de 2016

Respirando

Eres un pez saltando en el aire, cayendo al vacío e intentas respirar aire. Has salido de tu cómoda pecera y ahora ni tan siquiera puedes respirar. Y no se debe a que estés sufriendo la caída. Sabes que vas a caer eventualmente y lo aceptas como consecuencia de las decisiones que has tomado. Ahora necesitas seguir vivo en tu nuevo ambiente.

No se trata de luchar para sobrevivir. Todo a tu alrededor está cambiando a pasos agigantados y tú ahora lo aceptas, aunque sigue superándote. Sencillamente quieres empezar a conocer mejor tu nuevo hábitat, así que empiezas por respirar. Al principio es costoso. Tus branquias no están hechas para respirar ese nuevo aire tan poco denso, sino el agua donde vivías. Con cada nueva bocanada sientes como dentro de ti algo empieza a crecer, nuevas herramientas que te van a ser útiles en tu nueva vida. Empiezas a ser consciente de tu nueva realidad. De hecho no es nada nuevo, siempre había estado allí, pero preferías permanecer ignorándolo, porque hasta ese momento no te había hecho falta.

Recuerda, tienes todas las herramientas necesarias para tu nueva vida, aunque lo ignores. Simplemente párate, respira, habita tu cuerpo, siente y observa que sucede en él. Y disfruta tu nueva zona de confort.

sábado, 16 de julio de 2016

El vuelo

Alguien me comentaba el otro día que los simples dos segundos de duración del vuelo ya merecían la pena de caer al suelo.

Cierto es que durante esos dos segundos la sensación del aire fresco y limpio parece limpiar todas las penas de la pecera que dejamos atrás, sobre todo mientras seguimos subiendo. Pero, ¿cuánto dura esa sensación al ver que caemos? Os aseguro que la inminencia del impacto contra el suelo hace replantearse cualquier decisión previa.

¿Qué hace que dudemos de la decisión tomada? El miedo a lo desconocido de nuevo nos hace perder la fe en la nueva situación, porque nada nos asegura que es la correcta. Y ni siquiera confirmar que el resultado nos resulta favorable lo hará. Una parte de ti siempre te dirá que la has cagado. Y mucho.

¿Qué parte es esa que nos intenta sabotear? ¿Qué hay dentro de nosotros que prefiere seguir en la zona de confort? Párate a observar dentro de ti esa víctima que prefiere seguir sufriendo cuando en realidad podría estar disfrutando la vida de una forma más sencilla. ¿Puedes diferenciarla? No trates de ocultarla, ni tampoco la busques con ahínco, deja que aparezca de forma natural. No la culpes por no atreverte en la vida, porque sólo quería protegerte. Tampoco la adores, pues no ha buscado tu beneficio, sólo tú protección. Permanece neutral hacia ella, para poder aprender lo que ha venido a enseñarte. Si no eres neutral es porque tienes un apego hacia esa parte de ti y sigue siendo importante en tu vida. Paciencia, todo llega.

Y disfruta el vuelo.

jueves, 14 de julio de 2016

La pecera

Imagina que eres un pez en una pecera, nadando sin rumbo fijo, simplemente respirando tu existencia bajo el agua. De vez en cuando te topas, literalmente, con algo frente a ti, invisible, pero que te impide seguir adelante. Puedes ver que hay algo más allá, pero te resulta imposible seguir nadando a través y empiezas a preguntarte qué hay más allá de esa barrera invisible. Metido en tu pecera ves como más allá de ese obstáculo todo un mundo parece moverse.

Y sigues en tu pecera frente al cristal, y quieres conocer qué hay más allá, pero tu pecera es tan segura, el agua está ajustada a la temperatura perfecta y la comida aparece flotando regularmente. Dentro de la pecera todo es perfecto y tu visión del exterior es privilegiada, así que, ¿para qué narices querrías salir de ella? Además no sabes si el agua fuera de ella será la adecuada para ti. Y así te olvidas del mundo exterior, te olvidas de la barrera que te impide salir y te olvidas rápido porque eres un pez con pocos segundos de memoria. Y permaneces ignorante del mundo exterior hasta que vuelvas a chocar con tu pecera.

Un día comienzas a chocar  más frecuentemente contra las paredes de tu pecera. Tu habitual nadar errático y despreocupado es ahora nervioso e impulsivo. La pecera que hasta ahora era cómoda y segura, ahora es pequeña y está llena de porquería. Nadas en aguas turbias rodeado por tu propia mierda y necesitas salir de allí como sea. Pero sigues sin saber qué hay más allá de los límites de tu amada pecera. No importa que tu salud esté en peligro por las condiciones de tu pecera, más allá está lo desconocido, ni siquiera el riesgo de muerte evitaría que permanecieras en tu pecera. Hasta que en un momento dado se hace insostenible y tienes que arriesgarte a salir de ese lugar si quieres permanecer con vida. Y tomando impulso sales saltando del agua, superas la barrera de tu pecera y te precipitas contra un suelo frío, seco, donde te sacudes mientras te falta el aire. Al parecer, la solución no era mejor que el problema, salvo que durante el salto hayas sido capaz de desarrollar unos pulmones operativos.

Puede que ese pez muera, puede que alguien lo rescate o puede que encuentre una forma de sobrevivir, pero ha tenido las agallas de abandonar su zona de confort, arriesgándose a saltar a lo desconocido porque su espacio era absolutamente inadecuado para su vida.

Y así somos los humanos, peces nadando en nuestras pequeñas peceras de confort, sin intención alguna de aventurarnos más allá hasta que está tan llenas de mierda que permanecer es una locura mayor que saltar a lo desconocido. Permanecemos estancados en relaciones caducadas, en trabajos que nos vacían, en patrones que nos aíslan, y tenemos miedo a cambiar porque la seguridad que nos ofrece esa zona de confort es mayor que el sufrimiento que nos provoca permanecer en ella. De vez en cuando encontramos obstáculos que nos hacen ver más allá de esa zona de confort, pero no damos un paso más adelante por el miedo a perder esa seguridad. A través de las vidas de otros parece que experimentemos ese mundo fuera de nuestra "pecera" segura, ignorando que lo que ellos viven es, a su vez, su propia pecera, más o menos amplia, más o menos limpia, pero pecera al fin y al cabo. Rara vez aplicas el consejo de alguien que te invita a probar algo diferente. Inciso: todos conocéis esa frase que dice "Si siempre haces lo mismo no esperes conseguir resultados diferentes"; da igual cuánta mierda tenga la pecera de alguien que está muy apegado a ella, para él o ella seguirá siendo mejor que jugársela. Nada de lo que nadie te diga te puede hacer cambiar de opinión mientras no te escuches a ti mismo decirte que has de cambiar.

Nada te asegura que fuera de tu zona de confort vayas a estar seguro, aunque probablemente no vayas a morir por ello. Puede que al principio, fuera de tu pecera, te falte el aire (te recomiendo que antes de saltar al vacío desarrolles tus "pulmones"), pero te aseguro que sobrevivirás. Y puntualmente te sentirás cómodo fuera de tu zona de confort, convirtiendo el nuevo espacio en una nueva "pecera", probablemente más grande y espaciosa, pero que, tarde o temprano, acabará por quedarse pequeña. O no.

Desde mi experiencia os puedo decir que los beneficios de salir de la pecera superan con creces los beneficios de permanecer en la vieja sumado al sufrimiento de la adaptación a la nueva zona de confort. Y son ya varios saltos al vacío en los últimos años.

Así que, ¿cómo de grande y limpia está tu pecera?

Shamantrana