Para comenzar diré que lo de práctica rigurosa no va conmigo. De hecho no soy nada riguroso y bastante poco perseverante. Es más, de hecho ni siquiera soy budista estricto. Estudio en una tradición llamada Mahajrya, el Gran Campo, que aúna enseñanzas de Melquitzedek, padre de la Kaballah hebrea, Krishna, Jesús y, como no, Buddha. Aunque sí que es cierto que la base fundamental es el Budismo original de Sakiamuni Buddha y no ninguna escuela actual. Hay miembros por todo el mundo, incluyendo países como Canadá, USA, México, Dinamarca, Suiza, Alemania, Francia, Portugal y España. Sólo tenemos dos normas:
- Eres libre.
- No hay más normas.
- "Existe el sufrimiento". Comencé en este camino hace unos siete años. Por aquel entonces iba de depresión en depresión, con ataques de ansiedad diarios, discutiendo con mis padres por cualquier tontería, sin trabajo, sin relaciones, confundido con mi vida. Lo que venía siendo una joya. No encontraba salida a mis problemas y tampoco es que me matara la idea de ir contándoselos a nadie para que me juzgara por cómo vivía mi vida. Así que cada vez iba hundiéndome más y más, alejándome de todos aquellos que estaban en mi vida, mientras sólo dos cosas me mantenían a flote entre tanta mierda: el baloncesto y la escritura. Y fue gracias a un bloqueo mientras escribía un monólogo que descubrí mi camino. Y me convertí en un buscador.
- "Existe causa del sufrimiento". Cuando comencé seguía siendo bastante escéptico. Sí, había sido criado en una familia católica cuasi tradicional, pero mi mente analítica y científica no se iba a dejar convencer por cuatro tonterías baratas. Incluso pretendía negar algunas cosas que experimentaba, pero también decidí abrir mi mente y ver cómo se iba desarrollando todo. Mi primer contacto fue con el reiki y pude ver cómo mi vida iba tomando otro rumbo: comenzaba a ser responsable de mi propia vida, lo cual era un cambio bastante importante con respecto a los meses anteriores. Y muchas cosas de las que experimentaba eran innegables incluso para la gente que estaba a mi alrededor. Me sentía mejor, pero dentro de mí seguía el temor a volver a ese estado anterior de depresión, pero esta vez tenía una herramienta para que no fuera así: la Integración Emocional. Con esta herramienta es muy fácil descubrir dónde radica el sufrimiento y ponerle solución, dando lugar a
- "Existe cese del sufrimiento". De repente todo comenzaba a cobrar sentido. Todo el drama vivido dejaba de ser dramático y me enseñaba cómo es mi ego. Dejé de luchar contra la naturaleza y todo el Universo empezaba a ponerse a mi favor. En realidad nunca había estado en mi contra, pero me ofuscaba en culpar al mundo de todo aquello que no quería hacerme responsable. Con la Integración Emocional no me quedaba más remedio que ser responsable de mi vida si quería mejorarla. Y así sucedió. Todo aquello que me hacía reaccionar o me provocaba sufrimiento era susceptible de pasar por el microscopio de la Integración Emocional. Con el tiempo descubrí que esa era sólo la primera etapa de varias y que cabía profundizar más aún para alcanzar ese estado de paz. Algunos comportamientos típicos en mí dejaron de serlo. Todavía hoy me miro a veces al espejo y no reconozco la figura que me devuelve la sonrisa al otro lado.
- "No existe el sufrimiento". Y se hizo la luz. Al principio cada Integración Emocional trae un momento de bendición explosiva, una revelación radical de una parte desconocida de nosotros. Por un tiempo creí que me encontraba en una montaña rusa emocional llena de loopings y tirabuzones, ya que de cada vez que resolvía un asunto otro venía a sustituirlo en mi lista de tareas pendientes. Poco a poco este estado se convierte en permanente y sostenido, sucedía un evento que me sacaba de ese estado de bendición y la Integración Emocional era automática; en minutos volvía a ese estado, tranquilo y feliz, sin bendición explosiva. La vida se ha vuelto más fácil, fluyo. De vez en cuando algo me saca de ese estado pero resulta fácil mantenerme ahí, abrazando la mierda mientras todo lo demás fluye. Y siguen habiendo momentos de revelación, aunque cada vez más sutiles, pero no menos espectaculares por ello. Aunque eso ya daría para contarlo otro día.